En el cine y la televisión de acción existe una categoría de personajes que se denominan “Com-Pro”. Son los miembros de fuerzas especiales, agentes secretos, espías de élite o cualquier profesional que vive de armas y combate. Aquí vamos a ver cómo los guionistas, directores y actores se empeñan para mostrar los clichés tan ridículos que insultan la inteligencia del espectador.

El manejo de las herramientas
Lo primero que debe entender un actor o actriz al empezar a trabajar con este tipo de personajes es que ellos pasaron años perfeccionando las habilidades relacionadas con su oficio.El actor dedica horas a memorizar el texto y a desentrañar el sentido de cada escena. Esa misma seriedad y disciplina debe aplicarla al entrenamiento de las habilidades específicas de su personaje, sean manejo de armas, combate o cualquier técnica profesional. El compromiso con la veracidad no es negociable.
Las prioridades de la vida
Los profesionales enfrentan situaciones de vida o muerte como rutina diaria y no pueden permitirse dudas ni errores. La diferencia de responsabilidad es cruda: si un actor la caga, el público se molesta un rato; si un Com-Pro la caga, la gente muere de verdad.
Su forma de pensar y analizar es radicalmente distinta a la de la gente común. Cómo hacen las cosas —y sobre todo, el porqué las hacen así— choca con nuestra idea ingenua de cómo "deberían" hacerse. Pide asesoría profesional, investiga a fondo y llega al meollo del porqué se hace cada cosa.
La actitud
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Al crear un personaje así, los creadores manifiestan su vasta experiencia basada en la contemplación de obras semejantes, carentes de contenido real, producidas por creadores mediocres. De hecho, esa es la principal razón por la que los mediocres coinciden en gustos: lo semejante se atrae. Es una admirable ausencia de ganas de hacer su trabajo. En otras palabras: investigar, estudiar, analizar, entender y solo después crear.
El mismo concepto de élite contempla intrínsecamente estar mejor preparado, mejor educado y más experimentado. Para pertenecer a la élite tenías que haber cumplido años de servicio real, adquiriendo la experiencia necesaria, demostrando tu valor y después pasar un riguroso proceso de selección. Llegado a este punto en tu vida, no necesitas probar nada: operas en silencio, con discreción absoluta y cero ganas de llamar la atención. La actitud de bocón presumido no dura ni un día en el mundo real. Tú no presumes, tú no hablas, tú no gritas; siempre estás en las sombras y nunca te verán venir.
Hacer la limpieza solo
Disparar con una sola mano
Disparar con una mano te quita estabilidad, seguridad y precisión. El objetivo es neutralizar la amenaza de forma efectiva, no lucir "bonito" ni impresionar a la cámara. Priorizar la estética sobre la eficiencia convierte a un operador serio en un payaso que no sobrevivirá al primer encuentro real.
Los desarmes
No hay manera alguna de quitarle la pistola a un Com-Pro.
No usar pasamontañas o cascos
Contrario a lo que cree el televidente, los profesionales no arden en deseos de ser reconocidos. En muchas películas y telenovelas vemos la misma escena ridícula: el grupo de asalto se reúne en un callejón junto al objetivo, extienden el mapa en plena calle y el comandante explica el plan a voz en cuello.
Luego todos se ponen pasamontañas y cascos… excepto los protagonistas, claro. Y si hay una mujer en el equipo, llevará el cabello perfectamente arreglado. Porque lo más importante en una operación real es que el público reconozca al actor y admire su peinado, no que el operador preserve su anonimato.
La mierda pasa cuando no te quedan claras las prioridades. No es necesario que la cara del actor luzca en cada segundo del operativo, es más, será mejor que se ponga pasamontañas, así siempre tienes chance de usar un doble si es necesario. El público no es tonto. Si insistes en mandar a tus protagónicos con la cara descubierta, solo estas mandando al público el mensaje: “Miren, somos idiotas y queremos que tu también lo seas”.
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