Sonríe para ser aceptado.

En el mundo de sonrientes rostros y cuerpos perfectos que nos acechan desde gigantescos espectaculares y pantallas planas de súper definición con HD no tenemos ninguna posibilidad de ser nosotros mismos. Porque en este mundo estamos obligados a ser felices. Tenemos que tener unos dientes perfectamente alineados, la piel perfectamente tersa, un perfecto trabajo de día, un perfecto sueño de noche, una familia ideal, amigos impecables, coche nuevo, cosas limpias y la mascota que nunca envejece. Tenemos que vigilar día y noche que esta imagen de la vida perfecta en nuestra mente no sea violada ni corrompida. Estamos obligados a proteger las mentes de los demás de las imágenes imperfectas. Debemos estar pendientes para que el dolor, enfermedad, pérdida, destrucción no perturben con su enfermiza blasfemia la cómoda existencia de la gente.

¿Tienes diente roto? Trata de no sonreír hasta que no lo arregles. Es más, deja de interactuar con la gente, porque alguien podría empezar a sospechar de tu desgracia. ¡Es que no estás sonriendo! ¿Amaneciste de mal humor? ¡Arregla eso inmediatamente! No salgas a la gente hasta no ingerir suficientes antidepresivos. Tu no tienes derecho de estar dentro de la sociedad si no cumples con tu sagrado deber de decorar el mundo con tu felicidad. Debes estar avergonzado. ¿Quien te enseñó que está permitido decir la verdad? Guárdala para ti mismo. Lo más importante aquí es que no alteres nuestra idílica flotación sobre las burbujas de flatulencias de nuestros egos. No trates de convencernos que el mundo es diferente a como se presenta en los comerciales, nosotros si que tenemos fe, nosotros si somos positivos, nosotros si creemos en la felicidad. Porque si alguien puede tenerlo - ¿por que nosotros no? Solo tenemos que mantener la misma actitud. Una sonrisa de oreja a oreja.

La publicidad no hizo el mundo así. Somos nosotros los que hemos creado esta publicidad. Los seres humanos somos capases de una gran gama de emociones. En respuesta a diferentes acontecimientos de este mundo nosotros lloramos, nos preocupamos, nos avergonzamos, nos reímos, nos enojamos, nos regocijamos. Al parecer es completamente natural reaccionar de diferentes maneras: al perder algo o a alguien sentimos dolor, al enfrentarnos con la injusticia nos enojamos, al caer en peligro sentimos miedo, al obtener algo valioso nos alegramos.

Estas emociones existen por una razón, en la naturaleza muy rara ves existen cosas simplemente "porque si". La sabia Evolución inventó todo esto como parte del mecanismo de supervivencia. Primero inventó que el hombre sobrevive y se desarrolla mejor en grupo de similares que solo. En ese entonces las emociones eran un medio de comunicación, mucho antes de que se inventó el lenguaje. Las emociones siempre han sido "escritos en la cara", y proporcionaban a los semejantes la información importante.

Si estas llorando - es porque perdiste algo importante y necesitas ayuda. Ya que el bienestar de la tribu está estrechamente relacionado con el bienestar de cada individuo. En un grupo es más fácil conseguir alimento, defenderse, educar a los hijos y administrar los recursos.

Si estas enojado también es una señal. Para alguien puede ser un indicador de mantener la distancia y cambiar de actitud, para otro puede ser el inicio de la competencia, conflicto por los recursos y definición de quien es más valioso para la selección natural.

El miedo, por supuesto, no solamente salvaba la vida de quien huía en gritos, sino también señalaba para toda la tribu la raíz del peligro y les enseñaba a tomar medidas.

La alegría es la natural recompensa para todas las criaturas quien a pesar de los peligros de este incierto mundo, prevalecieron, procrearon y multiplicaron los recursos.

Y aquí está la paradoja. La humanidad, que en algún momento logró sobreponerse a la enorme cantidad de dificultades y desastres, de repente decide que este bagaje evolutivo en forma de las emociones ya no es necesario. Bueno, todavía está permitido sentir el dolor, por ejemplo en un funeral. Pero por favor con moderación, sin histerias ni escándalos y allí te encargo dentro de tres días a trabajar, a sonreír a los clientes, los cuales no tienen porque enterarse de tu perdida. A los clientes no les gustan las perdidas, se irán con la competencia.

¿Estás enojada con el marido? Ni se te ocurre mencionarlo. Estar enojado no es civilizado. Ponte una sonrisa feliz y diurético en la sopa. O abstente de todos los placeres, es igual de desagradable que los diuréticos.

Muchas enseñanzas esotéricas cultivan en sus adeptos la alegría, como la única reacción correcta a todo lo que les rodea. La manifestación de cualquier otra emoción se considera como la evidencia de que el alma es invadida por mala energía o algún tipo de entes-parásitos o está surgiendo el eterno pecado del hombre. Mira, si ya llevas diez meses en la secta y todavía no experimentas la felicidad desbordante por la mierda de perros al frente de tu casa - la razón puede ser la inadecuada limpieza de chakras y tienes que esforzarte más en trabajar sobre ti mismo.

Tanto la publicidad como las tendencias esotéricas las hemos creado nosotros, o personas semejantes a nosotros. Semejantes porque en algún momento todos hemos sido niños y teníamos padres, o alguien quien cumplía esta función. Desde chiquitos nos enseñaron:
- No digas eso, no es correcto.
- ¡Pero mamá, ese niño es gordo!
- No puedes decir esto, lo ofendes.

¿Y si digo que este perro está ladrando, también lo ofendo? El agua está mojada, el azúcar es dulce y el cielo es azul. ¿Por que buscarle dos colas al gato? Como se han transformado los calificativos:
Un gordo ahora es "grande". ¡Paren de jalar, Hafþór Björnsson es grande!
Un minusválido ahora es "persona con capacidades diferentes". ¡Paren de jalar todos tenemos capacidades diferentes!
Un ciego ahora es "invidente". ¡Paren de jalar en la oscuridad todos somos invidentes!

Y así sucesivamente, nos esforzamos para distorsionar la realidad y tratar de alejarnos de ella lo más posible. El problema es que no es posible. Lo único que logramos es desacostumbrarnos en tratarla y esto tiene sus consecuencias. En el momento cuando la realidad decide darnos una lección, golpea directo y sin ningún aviso, en este momento nuestras defensas formadas por ilusiones de la vida perfecta se desvanecen como humo de cigarro y todo el alma carente de entrenamiento en ese aspecto exprime ahogándose en sus mocos la típica pregunta: ¿Por qué a mi?
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