El dilema de "homo perussi"

Estadísticamente el 80% de seres humanos no son capaces de inventar nada, se dedican a consumir productos tecnológicos e intelectuales de alguien más. Considerando el conteo aproximado de población mundial, para el agosto del 2014 como 7,114,237,870 el 80% significa 5,691,390,296 parásitos habitan este planeta. Rebobinamos un poco y veamos este panorama de otro punto de vista. Concretamente desde el proceso de la evolución.



Como cualquier otra especie nosotros estamos en el camino de la evolución, al menos en teoría. El desarrollo de cualquier especie en algún momento logra su máximo potencial, o por decirlo de otra manera llega a su estado más eficiente. En este estado el proceso de la evolución se desactiva (por decirlo así), entra en modo de espera, ya que la especie se encuentra en tal forma cuando puede tratar con éxito todos los retos que le proporciona la naturaleza y no se espera a que cumpla con mayores expectativas. En este estado la especie puede permanecer hasta que las condicionantes externas cambien. Es decir que alguna otra especie relacionada evolucione al siguiente escalón representando de esta manera un nuevo reto; o cambian las condiciones climáticas; o se presenta algún otro percance que obliga a la especie a seguir evolucionando. Todos sabemos que cuando una especie no es capaz de evolucionar comienza a degradar. Vamos bien hasta aquí.

Tal parece que en algún momento de nuestra historia la naturaleza dejó de proporcionarnos retos condenándonos a la extinción (que buena jugada a propósito). Pero nosotros nos vimos más listos que otras especies y tomamos un atajo: nosotros mismos nos inventamos toda clase de problemas con las cuales luchar, propulsando así una simulación del proceso de evolución. Ahora en nuestro orgullo pretendemos mirar a los ojos de la naturaleza y decirle: ¿Cómo te quedó el ojo, culera?

Hipotéticamente podemos decir que debido a tanta variedad de diferencias entre los seres humanos hemos evolucionado en varias subespecies, una de las más dominantes debería de llamarse "Homo Perussi" (hombre consumidor). Hay dos características clave de esta especie: La primera, es que su existencia no produce ningún bien y la segunda es que su existencia depende de los actos de consumo.

Aquí hemos llegado a algo muy interesante. Todo tiene su precio. La evolución en sí es la vanguardia. Es la punta de lanza. Es el cambio. Es la superación de nuevos retos. Es la capacidad de inventar. Es la capacidad de producir. Es una suerte de unos pocos atrevidos, inconformes, exploradores, locos, inadaptados. Estos son los que impulsan cambios y estimulan la evolución. 

Por desgracia los homo perussi no están dotados de ninguna de estas virtudes. Lo único que son capaces de hacer es devorar el pastizal descubierto por alguien más. Se establecen y consumen. Se atragantan y engordan. Se inventan reglas y leyes, para que esos "locos" no les hagan la vida de pedo y les dejen pastarse tranquilos. Los imbéciles no entienden que si reprimen a todos los locos no habrá quién descubre los nuevos pastizales.