Sobre la responsabilidad propia

La incompetencia de hacerse responsable por su propia vida es un tema bastante controversial. Hay cierta tendencia que hace a las personas actuar como si alguien más es responsable por ellos. La sociedad, el gobierno, el espíritu santo... quién sabe. Esta actitud infecta a todos los ámbitos de la vida cotidiana. 


Un ejemplo del tema de violaciones

Pero antes de que comiencen a escupir saliva a su pantalla, aclaremos: no es para justificar la conducta degenerada de unos enfermos, sino para generar conciencia sobre la responsabilidad por su propia existencia.

Imaginemos a una tipa que se dispone a atravesar un callejón donde un grupo de gañanes está tomando en plena vía pública. De entrada, la tipa anda por un barrio dudoso en minifalda. Por supuesto que ahora comienzan los chillidos respecto a su derecho de vestirse como ella quiere. Vale. Es como reclamar el derecho de nadar en un estanque con cocodrilos. Pero los que no entienden la metáfora no entenderán el argumento. Así que regresamos a nuestra tipa.

Ella anda en cierto ámbito, lleva amistades con los degenerados y pederos, y luego: ¡BAM! Es víctima de violación. Pero en lugar de analizar qué fue lo que pasó, comienza a culpar a la sociedad: que la cultura es machista, que a los hombres los educan sin respeto a la mujer, que faltan recursos para la educación, que las leyes no están para protegernos, que todo el sistema es corrupto, etc. Todos son culpables menos ella, porque se acostumbra a pensar que la víctima femenina a priori no puede ser culpable.

La violación no sucede de la nada

No es que la tipa estuviera parada en medio del desierto, volteando a ver alrededor y sin ver nada a 30 kilómetros a la redonda… y de pronto, en un abrir y cerrar de ojos, alguien ya le está respirando en la nuca. Eso no existe. 

Algo siempre precede al suceso y, en la mayoría de los casos, se puede evitar con medidas preventivas: prestar atención a tu entorno, evitar pasar por lugares dudosos, llevar gas pimienta y aprender a usarlo, hacer que alguien de confianza te acompañe, no andar con gente sospechosa. Todas estas cosas están en la categoría de anticipar y no en la categoría de reaccionar. Las víctimas de violación, en muchos casos, no hacen nada de esto en absoluto; en cambio, cometen errores graves que naturalmente llevan a un desenlace desastroso. 

Repito: por supuesto que el maldito degenerado debe pagar, pero la tía también es una PENDEJA, porque pudo haberlo evitado y no quiso hacerlo.

En este momento comienzan a gritar: ¡Estás justificando al violador! ¡Todos son así! ¡Todos los hombres son violadores! ¡La policía no hace su trabajo! ¡Hay que educar a los niños varones para que no se conviertan en maníacos! ¡El violador debe conocer las consecuencias! ¡No es normal que debamos vestirnos tomando en cuenta a los violadores! ¡Es represión de nuestros derechos! Pero la razón detrás de todos estos gritos es bastante banal: 
A los idiotas les incomoda reconocer que ellos son los únicos responsables por su vida
Para muchos será una revelación, pero vivimos en el mundo real y no en el imaginario. En el mundo real existen violadores, degenerados, asaltantes y maníacos. Ellos no van a desaparecer por más que medites. Hagas lo que hagas, tú no podrás hacerles cambiar de parecer. Lo único que puedes hacer es cambiar algo en ti para minimizar el riesgo y mejorar la calidad de tu vida. Esto está en tus manos.

Presta atención a tu entorno

Presta atención a tu entorno y no a tu celular. Cuando estés esperando tu camión en la calle, anticipa posibles percances. ¿Qué pasa si un coche se desvía y embiste la parada de autobús donde estás? Al menos párate detrás de un árbol o un poste que puedan servir como barrera de contención.



¿Qué pasa si de pronto comienza una bronca o una balacera? Al menos ubica por donde podrás correr y que obstáculos puedes poner entre tu y el peligro?

¿Llevas contigo algo que puedes usar para defenderte? ¿Has pensado en tener opciones de rutas para llegar adonde tienes que llegar? ¿Estás dispuesta a tomar una ruta más larga pero que sea más segura? Infórmate y comienza a hacerte responsable de tu vida.

Cruzando la calle 

Va una persona y se predispone a cruzar la calle. Lo hace cumpliendo todas las reglas: espera a que se prenda la luz verde del semáforo y entonces comienza a caminar. Pero resulta que, del otro lado, viene un coche hecho la madre, conducido por un pendejo borracho. La persona que cruza la calle tiene dos opciones: esquivar el vehículo que puede atropellarla o detenerse y comenzar a mentarle madres al conductor, haciendo uso de sus derechos como ciudadano. 

Esto es una simple balanza de prioridades. Esquivas = vives; te quedas = cementerio. 

¿Quién tiene la culpa? Por supuesto que el pendejo borracho. Solo que desde el cementerio ya no le podrás reclamar. Esto no es una justificación, esto se llama sentido común. Tus gritos y mentadas no cambiarán su manera de manejar.
Comienza a hacerte responsable de tu vida

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